El kit del coche tiene dos partes que se compran en momentos distintos. La parte legal y fija (silla, baliza certificada, chalecos, espejo para el bebé, parasoles) se compra una vez y se queda en el coche todo el año; conviene repasarla en junio, antes del primer viaje largo, y comprobar que la silla sigue siendo de la talla del niño y que la baliza enciende. La parte de viaje (nevera, bandeja, juegos, auriculares, bolsas, manta) se monta en una caja o bolsa la víspera de salir y vuelve al armario después.
Un orden que evita olvidos: la noche antes se descargan las películas en la tablet, se carga la batería de los auriculares y se preparan en la nevera las botellas de agua congeladas a medias (hacen de hielo y se beben frías por la tarde). Por la mañana solo se mete la fruta cortada y los bocadillos. Toallitas, bolsas y una muda por niño van en una bolsa en el hueco de los pies del copiloto, no en el maletero: es lo que se necesita en una parada de emergencia.
Los juegos se sacan de uno en uno, cada hora, y se guardan los que no estén en uso: la bandeja del regazo con un solo cuaderno de pegatinas entretiene más que seis cosas desparramadas. La pantalla se reserva para el último tramo, cuando ya están cansados, y siempre con auriculares de volumen limitado; antes van la música, las adivinanzas y mirar por la ventana, que además es lo que la DGT y los pediatras recomiendan contra el mareo.
De un viaje a otro se repone poco: agua, fruta, toallitas y bolsas. La silla se cambia cuando el niño llega al límite de altura del fabricante, no cuando cumple años, y la baliza se comprueba cada seis meses (pilas o carga). Si el viaje termina en la playa o en un campamento, la mochila del kit de excursión del cole y la bolsa del kit de playa con bebé ya van preparadas en el maletero y no se mezclan con lo del coche.