Este kit se prepara en dos bultos: el portabebés puesto, con el bebé dentro, y la mochila de pañales a la espalda del otro adulto. La silla compacta va hasta la puerta del avión con la bolsa de transporte colgada del manillar, y allí se pliega y se entrega. Con las manos libres en el control, el embarque y el pasillo, el vuelo cambia por completo.
Dentro de la mochila, cada cosa en su bolsillo y siempre en el mismo: en el delantero, la funda con el DNI o pasaporte del bebé, el libro de familia y las tarjetas de embarque; en el principal, pañales para el doble del tiempo del vuelo, el cambiador plegado, las bolsas para los pañales usados, una muda completa y las muselinas; en el lateral, el biberón o el vaso y el termo con agua caliente. Los líquidos del bebé (leche, agua, potito) en una bolsa aparte, lista para sacar en el control, y las cremas y el suero en envases de 100 ml dentro de la bolsa transparente de un litro.
El chupete, o el pecho o el biberón, se guarda para dos momentos: cuando el avión empieza a rodar hacia la pista y cuando la tripulación anuncia el descenso. Un chupete de repuesto va enganchado a la ropa; el que cae al suelo del avión no vuelve a la boca. El libro de tela o el juguete nuevo sale cuando ya se ha agotado la ventanilla, no antes.
De vuelta a casa, la mochila de pañales se vacía entera y se vuelve a montar: es la misma que se usa para el viaje en coche largo (/kit/viaje-en-coche/) y, con el saco y la burbuja de lluvia, para los paseos del primer invierno (/kit/primer-invierno-bebe/).