Este kit se monta en dos partes y en dos momentos distintos. Lo de abrigo (saco de dormir, saco de carrito, burbuja, cobertor) se compra una vez a principios de octubre, antes de que las tallas pequeñas se agoten, y el saco de dormir se estrena un par de noches con el bebé en brazos para que no sea una novedad el día que haga frío de verdad. Lo de mocos (suero en monodosis, aspirador) vive en el cambiador con el termómetro y se repone cada mes.
La cuna la dejamos como pide la AEP: colchón firme, sábana bajera ajustada y el saco, nada más. El termohigrómetro va en la pared a la altura de la cuna, lejos del radiador, y es lo que decide cuánta ropa lleva dentro del saco esa noche: a 21 °C, body y pijama fino; a 18 °C, pijama de algodón grueso. Las mantas se quedan para la hamaca y el sofá.
Para la calle, la regla es vestirlo de casa y abrigar la silla, no al bebé: saco de carrito abierto por delante, gorro y manoplas, crema en las mejillas y la burbuja plegada en la cesta. Así entra y sale de tiendas y del coche sin desnudarlo, y en la silla del coche el arnés va siempre sobre ropa fina.
Cuando llegan los primeros mocos, el ritual es suero antes de cada toma y antes de dormir, aspirador solo si sigue tapado, y nada de jarabes ni humidificadores. Si en el calendario de ese invierno hay guardería, conviene tener preparado también el kit de fiebre y gastroenteritis, porque llega todo junto, y repasar la lista del primer día de guardería, que comparte el suero, el termómetro y las mudas.