Esta bolsa va siempre hecha en el maletero o en el armario de la entrada, porque la clase de matronatación es a una hora fija y lo que se olvida en casa no se puede improvisar en la piscina. Dentro, dos compartimentos: lo seco (poncho, muda, chanclas, gorro, gafas, cambiador plegado) y la bolsa impermeable vacía, que a la vuelta lleva el bañador y la toalla mojados.
El orden al llegar es el que marca el vestuario: chanclas puestas antes de bajar del cambiador, bañador-pañal ajustado en los muslos, neopreno encima si el agua está fría y gorro al final, cuando el bebé ya está tranquilo. Al salir, poncho antes que nada, y vestirlo en el cambiador portátil, porque el banco del vestuario suele estar mojado.
En verano la bolsa cambia de contenido: salen el neopreno y el gorro de silicona y entran el protector mineral, la camiseta con protección solar y los juguetes de agua, y la regla de la sombra de la playa con bebé vale igual para la piscina de la urbanización. Lo que no cambia nunca es la vigilancia: un adulto nombrado en voz alta, en el agua o al borde, sin móvil.
Cuando el niño empieza los cursos de natación de la piscina municipal o va a un campamento urbano con días de piscina, esta misma bolsa sirve con dos cambios: bañador de secado rápido en vez de bañador-pañal y una botella de agua, porque en la piscina cubierta se deshidratan sin notarlo.