El equipaje de campamento se prepara en dos tandas. La primera, en mayo, cuando llega la lista de la organización: se compra lo que no hay en casa y tarda en llegar o hay que probar (petate, saco, chanclas de la talla de este año, linterna). La segunda, la semana antes de salir: ropa, neceser con los botes llenos, protector solar nuevo y etiquetas pegadas. Hacerlo todo la víspera es la forma segura de olvidar el saco en el armario.
De un año a otro se reutiliza casi todo lo duro: el petate, el saco, la linterna, la esterilla y las toallas de microfibra. Lo que hay que renovar cada verano son las chanclas (crecen un número por curso), el protector solar (caduca y pierde eficacia abierto), el repelente y las etiquetas si han cambiado de colegio o de nombre de pila. El neceser conviene vaciarlo y lavarlo a la vuelta, no en junio del año siguiente.
Un truco que funciona con niños de 7 a 10 años es montar el petate con ellos sobre la cama, por categorías: ropa de día en bolsas por jornada, pijama y saco juntos, neceser y toalla de ducha en una bolsa aparte, y lo de la mochila pequeña (botella, gorra, protector, chubasquero) a la vista para la excursión del primer día. El niño que sabe dónde está cada cosa no pregunta a la monitora cada noche y no deshace el petate buscando los calcetines.
Para la excursión diaria que suele haber en todos los campamentos sirve la misma mochila pequeña que usamos durante el curso; la lista detallada está en el kit de excursión del cole. Y si el campamento es de playa, la camiseta con protección UV y el gorro con nuca del kit de playa con bebé valen igual para un niño de 9 años.