Este botiquín se monta en una caja con asa y cierre que vive en alto en un armario del pasillo, nunca en el baño. Dentro, tres zonas: curas (gasas, clorhexidina, tiritas, esparadrapo, venda, tijeras y pinzas), fiebre y mocos (termómetro, suero en monodosis, aspirador, jeringas) y lo ocasional (frío instantáneo, apósitos de quemaduras, guantes, quitagarrapatas). Los medicamentos de la farmacia van en una bolsa aparte dentro de la misma caja, con la dosis apuntada en la caja de cada uno.
Se compra de una vez y se repone por piezas. Lo que se gasta en un año con dos niños: una caja de suero en monodosis por invierno, dos cajas de tiritas, un bote de clorhexidina y alguna compresa de frío. El termómetro, las tijeras, las pinzas y la caja duran años.
Dos trucos de organización que nos funcionan: una lista pegada por dentro de la tapa con el contenido y las caducidades más próximas, y la revisión anual el día que se cambia la hora en octubre. Después de cada cura, lo usado va a la lista de la compra ese mismo día.
Del botiquín grande sale el pequeño: un neceser con tiritas, gasas, clorhexidina, suero y una jeringa para el coche y las vacaciones, que se revisa en junio. Para la mochila del colegio, la versión mini está en el kit de excursión del cole.